Andrés López (IIEP, UBA-CONICET)
En días recientes se publicó un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que indicaba que Argentina había quedado última en el ranking de inversión extranjera directa (IED) entre las grandes economías de la región en 2025. La publicación despertó diversos comentarios, tanto en los medios como en las redes sociales, que comparaban esos datos con las cifras de IED recibidas por el país en gestiones previas de gobierno. Muchos de esos comentarios apuntaban a evidenciar la supuesta paradoja que emerge de contrastar el flaco desempeño de la IED en el actual gobierno, favorable a la inversión privada de cualquier origen, con el aparente mayor éxito en materia de atracción de IED de gobiernos previos con un discurso, y unas prácticas, menos amigables con la iniciativa privada y con las empresas multinacionales.
Se trata de otra muestra del juego que mejor sabemos jugar en las redes: hablemos sin saber. La variante específica en este caso sería: usemos datos sueltos sobre los cuales no tenemos idea respecto de cómo se construyen (o lo sabemos, pero nos conviene ocultarlo) para armar un relato que nos favorezca políticamente. Es un patrón que lamentablemente se repite en muchas otras áreas, un revoleo de números que se manejan con poco cuidado y se analizan de manera aún más precaria. Pasemos a explicar entonces por qué esas comparaciones de cifras agregadas de IED tienen poco sentido y por qué los supuestos “récords” de IED de años pasados son una ilusión óptica.
La medición de la IED y su evolución reciente en la Argentina
Para los lectores no familiarizados con los detalles del tema, digamos que la IED es una categoría del balance de pagos que contabiliza tres modos de financiación de proyectos de inversión transfronterizos: i) aportes o ampliaciones de capital (a través de bienes tangibles o intangibles) del inversor directo; ii) deudas con la matriz del exterior y otras transacciones intracorporación (transferencias accionarias, etc.); iii) reinversión de utilidades. Como casi todas las cifras que reflejan fenómenos económicos, las de IED están sujetas a distintas limitaciones metodológicas y pueden no reflejar necesariamente la magnitud real de los flujos de inversión transfronterizos y son un indicador imperfecto de la participación de empresas multinacionales en las economías de los países (para detalles sobre estas limitaciones se puede consultar este trabajo del BID). Todo esto no impide usar los datos oficiales sobre IED, solo invita a examinarlos de manera detallada e interpretarlos de forma cuidadosa, dos atributos que claramente no han abundado en el debate reciente sobre el tema en Argentina.
La fuente de datos sobre IED en la Argentina es la balanza de pagos calculada por el INDEC. Lamentablemente, a raíz de cambios metodológicos introducidos en 2017 (destinados a adaptarse a la nueva versión del Manual del Balance de Pagos del FMI publicada en 2009), la serie disponible con datos consistentes y comparables arranca en 2006. Sin embargo, a los fines de esta nota esta información es más que suficiente.
El gráfico 1 presenta la evolución del total de IED ingresada al país de 2006 a 2025. Lo primero que destaca son las amplias fluctuaciones de dicha variable, con picos en 2012 (USD 15.324 millones) y 2023 (USD 24.757 millones) y valores mínimos en 2009 (en torno a USD 4.017 millones), 2016 (USD 3.260 millones) y 2025 (USD 3.134 millones). El promedio para el período 2006-2025 ronda los USD 9.500 millones.

Ahora bien, cuando desagregamos la serie en los tres componentes que explican la IED observamos comportamientos claramente diferentes a lo largo del tiempo (gráfico 2). Los aportes de capital promedian apenas USD 2.300 millones para el período 2006-2025, y registran un máximo en 2012 (USD 4.861 millones) y dos años con egresos netos de capital: 2014 (USD 112 millones) y 2025 (USD 260 millones). La reinversión de utilidades, en tanto, aportó en promedio algo menos de USD 5.000 millones anuales, con un máximo de USD 8.058 millones en 2015 y un mínimo en 2008 (USD 396 millones). Finalmente, la evolución más llamativa es la de instrumentos de deuda, que en promedio aportan poco menos de USD 2.200 millones (período 2006-2025), y registran un máximo de USD 15.327 millones en 2023 y un mínimo negativo de USD 4.732 millones en 2016.
En el gráfico 3 observamos cómo fueron cambiando las participaciones relativas de los tres componentes de la IED en el período analizado. Entre 2006 y 2011 los aportes de capital representaron el 38% del total del ingreso de IED durante ese período. Entre 2012 y 2015 su participación bajó a 21%. Durante la administración Macri volvió a subir a 34% y se hundió a solo un 10% en el período de Alberto Fernández. Solo para tener un punto de comparación regional, entre 2015-24 los aportes de capital representaron menos de 20% de la IED en Argentina, contra alrededor de 30% en México, 50% en Chile y Colombia, 60% en Brasil y 70% en Perú (cálculos basados en datos de CEPAL).
En paralelo, la reinversión de utilidades, que había explicado un 37% del total de IED entre 2006 y 2011, aumentó su peso relativo a 70% entre 2012 y 2015, mantuvo ese nivel durante esa administración y luego decayó a 40% en el gobierno de Alberto Fernández. Enseguida veremos que hay un tercer actor que explica esta caída.

Las razones de la errática trayectoria de la IED en la Argentina
Es evidente que la errática evolución del ingreso de IED al país, y en particular de las series de reinversión de utilidades y préstamos intra-empresa, es difícil de explicar a partir de la dinámica del clima de negocios en la Argentina; solo para dar un ejemplo obvio, el récord de 2023 es anómalo (o más bien risible) en un contexto de caída del PBI y de incertidumbre sobre el resultado de las elecciones de aquel año y el tipo de modelo de política económica que prevalecería a partir del año siguiente. Las causas de las fluctuaciones en las series están en otro lado, y hay que buscarlas en las restricciones que comenzaron a enfrentar las filiales de multinacionales desde 2011 en adelante para acceder al mercado oficial de cambios (como parte del llamado “cepo”).
Para 2012 ya se había establecido la obligatoriedad de solicitar autorización del Banco Central para comprar dólares destinados a pagar importaciones o girar utilidades al exterior (en la práctica estas últimas operaciones quedaron fuertemente restringidas a partir de aquel año). Estas restricciones se levantaron con la administración Macri, pero retornaron hacia el final de aquel período y fueron profundizadas por el gobierno de Alberto Fernández, con particular dureza a partir de 2022, cuando se limitó severamente el acceso a divisas para pagar importaciones, obligando a las filiales de multinacionales a endeudarse con sus casas matrices para adquirir los insumos y equipos requeridos para seguir operando en el país.
Mientras que en 2006-2011 el ratio de reinversión de utilidades (utilidades reinvertidas en el país sobre utilidades totales de las filiales) fue de cerca de 33% (promedio simple para el período), saltó a 85% entre 2012-2015, volvió a bajar a 72% durante la administración Macri y rebotó hasta un astronómico 92% en los años del gobierno de Alberto Fernández (Cuadro 1). Dado que ni el segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ni el período de Alberto Fernández fueron de bonanza económica (todo lo contrario), vamos a descartar que mágicamente se haya despertado el apetito por reinvertir utilidades de las multinacionales: no se trató de decisiones voluntarias, sino de cuasi-prohibiciones. Así, el primer pico de IED observado en 2012 deriva de un salto en la IED de USD 4.500 millones, explicado en un 80% por la mayor reinversión de utilidades (explicada a su vez por la aparición del cepo) -la tasa de reinversión de utilidades registró un verdadero salto de 31 a 75% entre ambos años (gráfico 4).

La comparación con datos de otros países de la región nos ayuda a enmarcar el proceso argentino en el contexto regional (Cuadro 1). Allí vemos dos cosas: a) que, en los países comparados (excluida la Argentina), la tasa de reinversión de utilidades no supera el 70% y, salvo México —y algunos valores puntuales de Colombia—, está por debajo del 50%; b) que las tasas de reinversión fluctúan relativamente poco, con la excepción de Colombia (no incluimos los promedios de Brasil para los dos primeros períodos porque hay varios años sin datos y otros con tasas de reinversión negativas).
Veamos ahora qué ocurrió con el componente de préstamos intra-empresa, con foco en dos momentos. El primero, 2016, uno de los dos años con menor ingreso de IED en los últimos 20 años. Allí salieron algo más de USD 4.700 millones por cancelación de deudas acumuladas, explicado por la remoción de las restricciones cambiarias. Fue esa salida la causa básica del bajo nivel de IED de dicho año, ya que los aportes de capital crecieron 180% frente al año previo. El otro momento interesante es 2022-23. Entre 2021 y 2022 la IED recibida por la Argentina pasó de USD 6.660 a USD 15.200 millones, y luego aumentó a USD 24.757 millones en 2023. Como se dijo antes, claramente es absurdo suponer que en años tan complicados económica y políticamente para la Argentina el apetito de las multinacionales por invertir en el país se haya despertado de forma súbita. Pero por suerte el misterio es fácil de develar. Más del 90% del salto 2021-22 se explica por el aumento de las deudas de las filiales con sus casas matrices y en el caso del aumento 2022-23 el aporte de ese componente se acerca al 70%. Nuevamente, son las restricciones cambiarias de aquel momento las que explican el supuesto “récord” de IED.
Como es sabido, el actual gobierno ha levantado paulatinamente las restricciones que enfrentan las empresas para acceder al mercado oficial de cambios, aunque no de manera total hasta el momento (en particular, se les dio bonos a las empresas que no habían podido remitir utilidades o tenían deudas acumuladas con sus matrices previo a 2025, mientras que la remisión de utilidades solo quedó liberada a partir de ejercicios contables comenzados en enero de 2025). En el contexto de esa progresiva normalización las tasas de reinversión de utilidades han ido cayendo a niveles más “normales” (70% en 2024 y 51% en 2025), y en 2025 se registró una salida neta en concepto de deuda intra-empresa, por un motivo similar al observado en 2016. Esta salida explica parte de la fuerte caída de la IED entre 2024 y 2025, pero lo principal es que el componente aporte de capital reflejó un egreso neto de USD 260 millones, resultado, seguramente, de decisiones de venta por parte de empresas multinacionales que se han retirado total o parcialmente del país (un tema que discutimos en una nota previa de este mismo blog).
En síntesis
Cerramos la nota con dos comentarios. El primero, seguramente destinado al olvido en un contexto en el cual los debates se suceden unos a otros sin mucha profundidad y con mucho insulto, es que si uno va a usar números para defender posiciones políticas o ideas económicas, es prudente saber cómo se calculan y qué tienen detrás. Tal como hemos visto, las cifras de IED consolidan varios conceptos que es necesario desagregar si se quiere entender las causas que están detrás de la evolución del ingreso de inversiones a un país. El segundo, más de fondo, es que la Argentina, tal como analizamos en la mencionada nota previa de este blog, ha venido perdiendo relevancia para la IED y para las multinacionales. Esto, por supuesto, es lo esperable en el contexto de una economía que lleva 15 años de estancamiento y que ha experimentado una fuerte inestabilidad regulatoria en distintos ámbitos. En particular, la introducción en distintos momentos de “cepos” cambiarios resulta en pan para hoy y hambre para mañana: los dólares no se van, pero tampoco entran, porque nadie en su sano juicio pone dinero en un lugar en el que no sabe si luego los va a poder sacar.
Queda fuera del foco de esta nota, entre otras cosas porque el autor no es futurólogo, lo que pueda ocurrir en años venideros, algo que dependerá de muchos factores, incluyendo la continuidad o no del actual modelo económico y el mayor o menor éxito que tenga el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que ha sido analizado en otras entradas de este blog (https://alquimiaseconomicas.com/2026/03/25/la-expansion-progresiva-de-la-cobertura-del-rigi-de-la-ley-bases-a-los-decretos-reglamentarios/ y https://alquimiaseconomicas.com/2024/05/02/cuando-von-mises-captura-al-estado-el-regimen-de-incentivo-a-las-grandes-inversiones-rigi/). Mientras esperamos las nuevas olas, al menos tratemos de entender bien de dónde venimos.
