¿Llegó el tiempo del peronismo en el mundo avanzado?

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Por Ramiro Albrieu* y Pablo Gerchunoff**

En los países avanzados gana terreno la visión de que las cosas van mal y tienen que cambiar.  Se argumenta que la clase trabajadora no ha sido beneficiada por el progreso económico registrado durante las últimas décadas. Para aquellos que se sienten perjudicados, la causa  recae sobre dos factores: el avance de la globalización y el comportamiento “egoísta” de las elites nacionales. No les falta razón: Los datos de distribución global del ingreso compilados por Branko Milanovic habilitan esa conexión causal en Estados Unidos y Europa. En Estados Unidos, por ejemplo, los deciles uno y dos –los más pobres- mantuvieron constante su ingreso real entre 1998 y 2008; en ese mismo período, tanto los ingresos reales de  los deciles nueve y diez de ese país como los correspondientes a las clases medias y altas de Asia emergente se expandieron por encima del 30%. La conclusión parece obvia: los frutos del progreso no se distribuyen, como en el pasado, dentro de las fronteras nacionales. Sigue leyendo “¿Llegó el tiempo del peronismo en el mundo avanzado?”

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Las tres Europas del euro

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Por Pablo Gerchunoff *

En la primera página de su artículo seminal de 1961[1], hace ya más de medio siglo, Robert Mundell se preguntó si en caso de constituir una unión económica, Europa debía permitir que las monedas nacionales fluctuasen o era preferible una moneda única. Y agregaba más adelante: “En Europa Occidental, muchos consideran que la creación del Mercado Común es un paso adelante hacia una unión política definitiva, y se ha discutido bastante el tema de una moneda común para los seis países”. Mundell nos recordaba que para Meade no estaban dadas las condiciones para una moneda común debido a la escasa movilidad del trabajo, mientras que Tibor Scitovsky le daba un cauteloso crédito al experimento porque la moneda común estimularía la movilidad de capitales, aunque alertaba que iba a ser necesario facilitar la movilidad del trabajo y poner en marcha políticas supranacionales de empleo (políticas fiscales supra-nacionales, diríamos ahora). En verdad, la diferencia entre Meade y Scitovsky no era teórica sino empírica: tenían opiniones distintas acerca del grado de movilidad del trabajo que se podía alcanzar y de la factibilidad de una política fiscal común. En la conclusión de su artículo, Mundell alertaba, por fin, sobre un punto central: la moneda es una expresión de la soberanía nacional, de modo que no era recomendable adoptar una moneda única si no se estaba dispuesto a algún grado importante de renuncia a dicha soberanía.

[1] Mundell, Robert A., “A Theory of Optimum Currency Areas”, AER, septiembre de 1961.

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