A dibujar…

 

mentiroso

Por Luis Beccaria*

En estos días se conoció finalmente el fallo de la justicia que sobreseyó al ex Secretario de Comercio, Guillermo Moreno (y también a la ex Directora y a la ex Directora de Precios, del INDEC, Ana Edwin y Beatriz Plagliaro) de la denuncia sobre manipulación de los datos del IPC. El argumento del juez, según los trascendidos periodístico, sería que las decisiones que finalmente dieron lugar a las cifras del indicador caen dentro de las típicas decisiones de gobierno, en este caso,  respecto a la metodologías a emplear por las agencias estadísticas. Se señala, en este sentido, que el tema “es claramente una cuestión política no justiciable, donde el gobierno de turno a través del Ministerio e instituciones correspondientes, decide como corresponde según una metodología y no una ley, a su criterio, la forma de medición de los índices que luego le permitirán a su saber desarrollar su política económica”.

Seguramente la querella no apuntaba a esta cuestión sino directamente a la existencia de manipulaciones tendientes a generar números claramente contrarios (menores) a los que se hubiesen obtenido incluso con la metodología elegida. La amplia “sospecha” que se tiene es precisamente que la discusión no es precisamente metodológica sino acerca de ciertos criterios ad-hoc que se empleaban y, quizás incluso, sobre qué números efectivamente se contemplaban al efectuar el cómputo (como dice el viejo dicho, si Ud. ingresa basura, lo que sale es…).

Este fallo tiene varias implicancias. Una es que cualquier ciudadano puede considerar que los datos del IPC entre 2007 y 2015 son adecuados, “están bien”. Entre ellos los empleadores que se sentarían en la mesa de la negociación colectiva podrían ir munidos de un gráfico como el que incluyo más abajo (aunque con los datos de su sector, y no el del promedio de las actividades, como se muestra aquí). Argumentarían que desde 2006 hasta el 2015 el salario real ha venido creciendo a un ritmo medio anual del (da casi vergüenza decirlo) 15%.  Aun luego del deterioro experimentado desde 2016, la remuneración real de 2017 seria, empleando el IPC que se difundió oficialmente entre 2007 y 2015,  el doble de la más alta desde 1940.

Sin título
Fuente: estimaciones propias

Por supuesto que ni los empresarios creen el dato del INDEC durante el período mencionado, y aún después del fallo (no creo) que se atrevan a blandirlos en esa u otras instancias.

La segunda implicancia es el daño que puede infligir a la credibilidad de las estadísticas. Un fallo de este tipo reduce el incentivo a hacer las cosas bien y se incrementa el de atentar contra la independencia de las instituciones oficiales de estadística.  Ésta siempre descansa, en última instancia, en la visión de quienes dirigen esas instituciones y en la presión que se pueda ejercer desde el gobierno de turno. No se abundará en las ventajas que la independencia estadística tiene pare el gobierno, pero frente a determinadas circunstancias, éste puede sucumbir a la idea de “maquillar” cierta información clave. Para hacer frente a eventuales situaciones de este tipo, se dispone usualmente contrapesos de diferente tipo, como la voz de la sociedad (o algunos sectores de ella) o de los mismos técnicos del sistema estadístico. Esta voz se hizo sentir en el período de la intervención, pero claramente no fue suficiente. El otro mecanismo, fundamental, son las normas que punen a los funcionarios públicos que no cumplen con sus deberes. En el campo de las estadísticas, con el deber de no distorsionar la información que se difunde.

Podría convenirse que el reciente fallo debilita este mecanismo ya que incrementó la probabilidad de que se repita esa práctica en gobiernos que consideran que la difusión de información distorsionada puede ser funcional al logro de sus, incluso loables, objetivos fundamentales de política.

Quizás la resolución del juez haya estado perfectamente fundamentada en las normas legales vigentes y en la jurisprudencia. De ser así, sería bueno pensar en cambiar las normas para que en el futuro el llamado “A dibujar” resulte costoso para el que dibuje.

Debe confesar que no estaba seguro de preparar estas breves líneas. En parte porque ya se esperaba una sentencia de esta naturaleza. También, porque no creo que haya que convencer a nadie respecto a “los problemas” que tiene la estimación del IPC en los años a los que me estoy refiriendo. Pero después recordé a los muchos colegas del lNDEC (que permanecieron en la institución o que fueron echados u obligados a abandonarla) que, a lo largo de ese período, resistieron los embates e hicieron conocer a la sociedad lo que estaba sucediendo en la institución, así como sus implicancias.  También a muchas de aquellas personas que sin ser trabajadores del INDEC, asumieron, asimismo, una posición firme sobre el tema y se mantuvieron permanentemente activos

Pero también me llevó a escribir estas líneas el recuerdo de otros que, por acción u omisión, justificaron lo que se estaba haciendo.

*Investigador-Docente. Universidad Nacional de General Sarmiento

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