La política y sus estadísticas

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La política posee un fuerte componente sentimental/afectivo. La identificación con un líder o causa, la asociación con pares o semejantes, el carisma del que conduce, el apoyo necesario para poder realizar cosas, el poder, en sí mismo, requieren de un acto de fe.

De cierta forma, la acción política posee algo de religioso, y los seguidores de ciertas facciones o partidos conforman dogmas de fe que se sostienen sobre consignas. Estas pueden ir desde la defensa a la libertad, a la proclama por los derechos del trabajador, y muchas otras cuestiones más extremas o básicas. Y los que lideran, en pos de acumular poder, reclaman ese acto de fe por parte de sus seguidores, quienes confían en que su conducción respetará los objetivos  propuestos y los llevará al destino esperado.

Sin embargo, aunque esto puede conformar parte de los esquemas de armado del poder, es necesaria también la intervención de acciones pensantes y de gestión profesional que permitan monitorear si el sendero está siendo bien recorrido; que si lo que se quiere hacer es favorecer, por ejemplo, a los más pobres, o a los niños, o a las mujeres, pueda verificarse que esto está siendo así, realmente. Que las acciones que se plantean son sostenibles en el tiempo (y no simple pan para hoy, hambre para mañana), o que van más allá de efectos especiales que se evaporan en el aire. Que no sean discursos meramente vacíos en pos de ganar la próxima elección y seguir sosteniendo el apoyo popular. Siempre, tarde o temprano, la realidad se impone, pero muchas veces la misma lo hace abrumadoramente, cuando usualmente ya no hay margen para evitar las consecuencias de malas decisiones tomadas en el pasado a la luz del calor de las consignas y el entusiasmo.

Es allí donde nace la necesidad de poseer un sistema de estadísticas confiable, lo más idóneo e independiente posible, que permita llevar adelante una gestión eficiente y un debate sostenido sobre cifras y argumentos sólidos. Esto vale para toda la población, pero principalmente para los que tienen el deber y responsabilidad de gobernar.

Los intelectuales y los investigadores tenemos la obligación  de reclamar por un sistema de información y estadísticas de esas características, y ayudar a desarrollarlo y sostenerlo, así como a monitorear su funcionamiento y discutir sus productos. En julio de este año se cumplirá un lustro desde que se emitió desde la Universidad Pública un informe sobre el INDEC, a pedido del Gobierno Nacional; sin embargo, lamentablemente, las estadísticas son cada vez menos fiables. Corregir esta situación debiera ser, sino el primero, uno de los más relevante desafíos para el próximo gobierno.

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