Ya nadie nos va a mandar a lavar los platos

Por Guillermo Anlló*

Corría el año 1994, pleno auge de la convertibilidad durante la anterior gestión peronista, y el ministro de economía, Domingo Cavallo, mandaba a lavar los platos a Susana Torrado, demógrafa e investigadora del CEUR, por sus críticas a una estadística oficial -la tasa de desocupación, más específicamente-, y sus advertencias sobre las consecuencias que pronto traería el ajuste “neoliberal”.

Llamativamente, la comunidad científica se hizo cargo de la afrenta y depositó en esa frase el espíritu de escasa preocupación y atención por el desarrollo de la ciencia local propia a la ideología imperante en ese momento –en la que el conocimiento es un bien de libre disponibilidad en el mercado y, por lo tanto, puede ser adquirido libremente en el mundo, como llegó a afirmar quien fuera canciller durante aquella gestión-. La frase quedó grabada a fuego como la idea que primó durante los noventa sobre la ciencia, donde se suponía que los científicos debían ir a lavar los platos. Ese era el “relato” del momento.

Durante la actual gestión peronista, el “relato” cambió y la comunidad científica se vio reivindicada; muchas veces fue invitada a ocupar la primera fila de actos e integrar delegaciones oficiales. Al mismo tiempo, esos actos de reconocimiento también fueron refrendados con la concreción de una vieja aspiración mediante la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, el cual se basó sobre la vieja SECYT y encumbró como Ministro a un representante de la Comunidad Científica, que era el Director hasta el momento de la ANPCYT, -curiosamente, instrumento de política creado bajo el final de aquella otra, mal vista por la ciencia, presidencia, la de Carlos Menem-.

Como se consignaba en una nota de marzo de este año en La Nación, muchos indicadores señalan un mayor presupuesto para realizar actividades científicas –como se puede observar en el gráfico, históricamente, el presupuesto público destinado a la función ciencia y técnica (CyT) pululó entre 0,20 y 0,30% del PBI, y los últimos dos años se ubicó por encima del 0,35% – lo que se vería reflejado en mayores inversiones para el área y un incremento en la cantidad de becas e ingresos a la carrera de investigador en el CONICET (por cierto, dado que el Estado no realizó un empalme oficial de serie de PBI, y no está claro qué estadística se puede utilizar; aquí hicimos un intento de aproximación a esos valores… es difícil decir si el paciente tiene o no fiebre sin un termómetro).

Evolución del gasto nacional función Ciencia y Técnica

1980 – 2015 (%PIB)

123

Fuente: ONP, Cuenta de Inversión e INDEC

Repasemos un segundo algunos indicadores para intentar dimensionar la mejora de la que se habla. Para ello, compararemos la evolución desde el 2003 al 2013 (la “década ganada”), a la luz del incremento presupuestario –agregando como variable de control el año de cierre de la década de los noventa –el año 1999-:

  • Mientras que en el año 1999 el gasto en investigación y desarrollo (I+D) era de $ 1.400.- millones convertibles, durante la década pasada se incrementó de $ 2.000.- a $ 20.000.- millones (todos en moneda corriente) – (es importante aclarar que el gasto en I+D es un indicador distinto al gasto nacional en la función CyT –no son completamente coincidentes-, el primero se compone de parte del gasto en CyT, parte de los salarios de los investigadores universitarios más el aporte del sector privado);
  • La relación I+D/PBI pasó del 0,38% al 0,60% (en el año 99 era el 0,52%);
  • El gasto por investigador equivalente a jornada completa (EJC) según los datos oficiales pasó de $ 56.344.- (en torno a u$s 14.000.- según el tipo de cambio de la época) a $ 385.497.- (u$s 60.234 o u$s 42.816, según el tipo de cambio que deseen aplicar). Para el cálculo en el año 1999, la fuente es la Red Iberoamericana de Indicadores en Ciencia y Tecnología (RICYT), y sus datos plantean que eran u$s 49.400 vs. u$s 68.240 en el año 2012 (los valores que publica la RICYT son datos oficiales de gobierno).
  • El gobierno financiaba el 65% del gasto y pasó a representar el 75% del financiamiento total en I+D –en el año 1999 era un poco más del 67%- lo que señala que la mayor carga del incremento en el gasto en el rubro pasó por la inversión pública, la que no fue necesariamente acompañada por el sector privado en igual cuantía.
  • Los Investigadores EJC pasaron de ser 21.740 a 37.833 (en 1999 eran 20.911). Esto se puede explicar tanto porque los investigadores en personas físicas incrementaron su dedicación, como porque se sumaron más investigadores al sistema; si bien esta última es la principal razón, en cualquier caso señala una mayor cantidad de gente dedicada a la investigación.
  • En el caso de los Becarios, también se advierte un notable incremento en el sistema de 5.624 a 13.852 (en 1999 se registraban 5.700).
  • El incremento de personal científico se verifica cuando se observa el indicador de cantidad de investigadores por cada mil habitantes de la población económicamente activa (PEA). En este caso, se pasó de un indicador de 1,8/1000 a uno de 3,01/1000, con un crecimiento vegetativo desde 2010, lo que es razonable siendo que esa tasa deberían condecirse con un presupuesto mucho mayor aún para ser sostenible -en el año 1999 el indicador era muy parecido al del 2003, 1,82/1000-.
  • En cuanto a algún indicador de resultados, los mismos no son asombrosos: las citas de publicaciones que figuran en el Science Citation Index (SCI) –lugar de referencia- evolucionaron de 5.640 a 9.835, lo que puede resultar importante, pero es relativamente menor si se observa la evolución en dos países vecinos en igual período, como Brasil –que pasó de 16.000 a 42.000- y Chile –que incrementó sus citas de 2.900 a 6.300-. La posición de Argentina se ubica incluso por debajo de la media de América Latina, que pasó de 35.000 a 77.000 citas.
  • Si ahora lo que comparamos es la cantidad de papers publicados por cada 100 investigadores, entonces se observa que se mantuvo la cantidad promedio en 12 publicaciones (con el agregado de que cayó la inversión por cada uno de ellos, de u$s 3,78 a 2,79 millones, número que surge de dividir el presupuesto por la cantidad de publicaciones registradas en el SCI).
  • El mayor incremento en el número de investigadores por sobre el presupuesto, también se ve reflejado en la cuestión salarial. Sin tomar por referencia los sistemas de Colombia o Chile (de estructuras semejantes al sistema sajón, con salarios en dólares significativamente mayores a los locales), en Brasil, el salario equivalente a un investigador principal supera los u$s 5.000.-, y el de un asistente los u$s 3.500.- (dejo que cada uno lo compare con el de nuestro sistema).

Es decir, hubo un incremento presupuestario durante la última década punta a punta, -aunque de menor cuantía si se lo compara con los valores que se registraban los años previos a la crisis de salida de la convertibilidad-, principalmente sostenido por una mayor inversión pública, fuertemente volcada a la incorporación de becarios e investigadores al sistema –priorizando la inclusión por sobre otras variables-. Como resultado, ese incremento de presupuesto no necesariamente se refleja en los salarios de los investigadores. Al mismo tiempo, esta mayor cantidad de investigadores no se ha visto reflejada, al menos aún, en una mayor producción científica relativa. Si bien estos indicadores no nos dicen nada definitivo sobre la calidad, hacen sospechar que la misma no estuvo entre las prioridades fijadas por el sistema; pero eso bien debiera ser tema para otro amplio debate.

En síntesis, ciertamente, la ciencia tiene mayor visibilidad y participación en el discurso del gobierno. Sin embargo, a pesar del aumento del gasto en valores absolutos y relativos respecto al PBI, podemos afirmar que no necesariamente fue  una de las prioridades en la agenda del mismo, ya que su participación dentro del gasto público general se mantuvo estable –lo que se puede entender a partir de que el incremento de la finalidad CyT respecto al PBI fue similar al de la administración pública nacional en relación al Producto (en torno al 75%) como se puede ver en una nota previa del blog. No perdamos la esperanza de que el próximo gobierno de un paso más y, además de invitar a los científicos a la primera fila, incluya el tema en su agenda como una prioridad contante y sonante (o, al menos, nos de guantes y detergente para ir a lavar los platos).

Nota curiosa para el cierre: llama la atención que, al mismo tiempo que discursivamente este gobierno ha reivindicado a la ciencia, por otro lado ha destruido las estadísticas oficiales -insumo básico para las ciencias sociales-, llegando a aducir que no es bueno estigmatizar a los pobres –¿qué opinará el flamante Premio Nobel?-.  Esas estadísticas, por si hiciera falta aclararlo, son las que habían permitido a la investigadora Susana Torrado discutir la política del gobierno vigente en aquel momento. Seguramente, lo hicieron para que ya nadie la pueda mandar a lavar los platos.

*Lic. en Economía (UBA, 1996), Magister en Ciencia, Tecnología y Sociedad (UNQ, 2004), Doctorando en Ciencias Políticas (UNGSM, Tesis pendiente). Docente/investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política- UBA/CONICET (IIEP) y Sub-director de las Maestrías en Economía y Relaciones Económicas Internacionales en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA (FCE-UBA).

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2 comentarios sobre “Ya nadie nos va a mandar a lavar los platos

  1. Me parece que hay otra discusión pendiente en relación al esfuerzo en investigación cienftífica realizado en Argentina en los últimos años, Además de el análisis de las cantidades y la eficacia (o productividad) de ese esfuerzo, creo necesario preguntarse por la existencia de una estrategia de la política científica, en el sentido de organizar los esfuerzos de creación y aplicación del conocimiento en función de ciertos fines explícitamente definidos según las necesidades de nuestro país, ya sea en materia de salud pública, desarrollo económico, infraestructura, etc.

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    1. Juan Pablo,
      Plenamente de acuerdo. La actual gestión tiene planes realizados, donde figuran, en principio, dichos lineamientos, y donde se eligieron áreas estratégicas (al final de la siguiente página figuran los planes http://www.mincyt.gob.ar/publicaciones). Es más complicado evaluar si lo que dichos planes se planteaban se está verificando, para lo que habría que evaluar a su vez las herramientas, las acciones, y distribución de fondos. A su vez, se podría discutir si los objetivos allí planteados son los deseables. En mi opinión, lo planes para el área de ciencia y técnica suelen ser iniciativas llenas de buenas intenciones, demasiado generales y que cuando se implementan terminan desvirtuando las prioridades señaladas, ya que todos los investigadores siguen desarrollando sus agendas previas. Da para una larga discusión.

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