Un mundo mejor y el problema de Adam Smith

 

Crowds gather around a newly unveiled statue of the famous Scottish economist Adam Smith in Edinburgh

Por Ricardo E. Gerardi *

Sabemos que Adam Smith comenzó siendo filósofo. Lo hizo en el contexto de la escuela historicista escocesa, del liberalismo (en general y, en particular, económico), de la idea de progreso, de la abolición de las restricciones feudales, de la emergencia de clases medias, del incremento del comercio y del nacimiento del capitalismo con cambios tecnológicos relevantes, de procesos revolucionarios en Inglaterra y de la gran relevancia que tenía en ese momento la física newtoniana como paradigma científico.

En el marco de lo que venimos de mencionar, en 1759, publica “La Teoría de los Sentimientos Morales” –en adelante TSM- donde hay un concepto central en lo que se refiere a lo relacional como es el de la simpatía entre el individuo y la sociedad, y por lo tanto entre el agente y el espectador.

En 1776 publica “La Riqueza de las Naciones” –en adelante RN-, donde en lo relativo a “lo relacional” surge la conocida afirmación “«No de la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero de quien esperamos nuestra cena (…) sino de su interés particular…» (RN, I, 2).

Un siglo después, el “problema” o contradicción entre estas dos nociones fue identificada por pensadores alemanes, que fueron fuertemente críticos del librecambismo

A partir de allí hay una copiosa bibliografía (véase, por ejemplo, la citada en Pena López, J. A. y Sánchez Santos, J. M, 2007), coincidiéndose más recientemente que no habría una contradicción sino que –según los autores que se acaban de mencionar- la moral entendida como extensión de relaciones de simpatía constituye una precondición para la existencia de cualquier forma de mercado.

ACERCA DEL CONCEPTO DE SIMPATÍA

De acuerdo con Pena López y Sánchez Santos (op.cit., pág. 88) “Smith señala que la simpatía es un acto de «ponerse en lugar de» (TSM. I, 1) y «padecer con» (TSM, I, 3, 1). En virtud de dicho acto y mediante ciertas habilidades imaginativas condicionadas por la proximidad, cada hombre forma una idea de cómo se sienten otros, considerando cómo se sentiría él en tales circunstancias y al mismo tiempo se identifica con ellos. De esta caracterización de la simpatía se pueden extraer tres implicaciones. Primero, se evidencia la doble dimensión del hombre ya que la simpatía no puede ser considerada un principio egoísta (TMS, VII, 3). Segundo, pone de manifiesto la generación de un vínculo con las experiencias ajenas (TMS, I, 1). Finalmente, destaca que no se trata sólo de una transferencia emotiva sino que es cognitiva y base de la aprobación moral (TSM, I, 1, 3 y TSM, I, 1, 4).

En términos epistémicos, la definición de simpatía que plantea Smith tiene carácter subracional y, por tanto, no identificable con el pensamiento analítico, sino con un componente intuitivo, dado que es experimentada instantáneamente al margen de cualquier proceso de razonamiento”. Referente al carácter ”subracional” hoy podríamos –por ejemplo- hacer referencia a las “neuronas espejo” (Manes 2014, págs. 99 y 215).

Más adelante los autores mencionados citan el siguiente párrafo de Smith «Una sociedad de personas puede subsistir, como la de comerciantes, en razón de la utilidad mutua, sin ningún amor o afecto mutuo (…) por un intercambio mercenario. Pero la sociedad no puede subsistir entre quienes están constantemente prestos a herir a los otros» (TSM, II, 2, citado por Pena López, J. A. y Sánchez Santos, J. M., pág.96).

Según Rosanvallón (2006, págs. 46 y 47) en el texto que se acaba de mencionar “se puede leer el verdadero giro del pensamiento de Smith” que vincula sus dos principales obras (TSM y RN). Y agrega “así pues, la cuestión económica surge del interior mismo de la problemática de la Teoria de los Sentimientos Morales, del seno mismo de su límite. En consecuencia Smith no construye una filosofía de la economía que sería la mera prolongación o complemento de su filosofía moral. Se vuelve economista en su filosofía, en el momento de su realización y de su verificación. Opera una mutación en si mismo que también puede leerse en relación con su siglo, al que resume en su Teoría. Hay que insistir en este punto, que está en el corazón mismo de nuestro razonamiento. Smith se transforma en economista casi sin darse cuenta. La economía no será para él un campo de investigación científica separado, verá en ella el resumen y esencia de la sociedad, el terreno sólido en el que la armonía social podrá ser pensada y practicada. De hecho, Smith casi se transforma en economista por necesidad filosófica. Creemos poder leer, en este movimiento interior y necesario que hace del filósofo un economista, la figura misma de la modernidad tal como se despliega hacia finales del siglo XVIII”.

A este “resumen y esencia de la sociedad”, de este capitalismo naciente, le da un carácter de ciencia, y valora como esta simpatía, convertida en empatía, no sólo es relevante para los meros vínculos individuales sino también para las relaciones comerciales: el vendedor “tiene que ponerse en el lugar del comprador” (detectando sus necesidades, deseos, posibilidades…) y “sintonizar” con él de modo de poder efectivizar la transacción.

Adam Smith busca generalizar el alcance de estos conceptos. Un ejemplo de ello es cuando en la RN establece una analogía entre la amistad y el comercio cuando afirma que «el comercio debe ser, tanto entre las naciones como entre los individuos, un lazo de unión y amistad» (RN, IV, 3). Aquí la amistad, según nuestra interpretación, aparece relacionada con lo amistoso, lo friendly y cordial de un gentleman o gentilhombre que, según Nicol (1941, pág.20) “cuyas virtudes y cualidades: la prudencia, el dominio de sí mismo, el sentido estético de la vida y otras con las que luego daremos, aparecen en este estudio con una representación que, si tal vez no es única o exclusiva, si podemos decir que es auténtica”. Siguiendo con Nicol (op.cit, pág. 24) señala que “el principio cristiano “amar al prójimo cómo a sí mismo” se transforma en Adam Smith –y podríamos decir en el gentleman- en un “no amarse a sí mismo más que al prójimo” que no carece de una punta de humor y de escepticismo”.

Lo anterior no tiene que ver con un concepto profundo de amistad (para esto útlimo véase, por ejemplo, el texto de Kancyper (2015) ni tampoco de amor profundo y consecuente como el de la “parábola del buen samaritano” que Amartya Sen (2010) señala en su obra La Idea de Justicia en la parte de “Quien es nuestro vecino?” (págs. 201 a 204).

Sobre este punto y vinculado con el siguiente, es interesante el aporte de un pensador que tuvo mucha incidencia en Smith, como es el caso de David Hume y, en particular, su obra denominada Tratado de la Naturaleza Humana escrito entre 1739 y 1740 (se tomará el tomo II del texto en español de 1981). Entre otras cuestiones señala que “la simpatía, o comunicación de pasiones, tiene lugar lo mismo entre animales y entre hombres” (Hume, 1984, pág. 594) y en una afirmación anterior expresa que “es de la plena simpatía de donde surge la piedad y la benevolencia” (op.cit., pág. 583).

 

ACERCA DEL CONCEPTO DE EMPATÍA

Textos más recientes como el de Goleman (2007) indican que “la psicología actual emplea la palabra empatía en tres sentidos diferentes:

  • conocer los sentimientos de otra persona,
  • sentir lo que está sintiendo y
  • responder compasivamente ante los problemas que la aquejen,

tres variedades diferentes de la empatía que parecen formar parte de la misma secuencia 1-2-3, es decir, le reconozco, siento lo mismo que usted y actúo para ayudarle”.

Este último concepto de “empatía compasiva”, lo vamos a relacionar con el concepto de “benevolencia” socioeconómica y a una resolución sustantiva del “problema de Adam Smith” vinculado con un mundo mejor que trasciende el mercado.

ACERCA DEL CONCEPTO DE BENEVOLENCIA

Hemos mencionado más arriba la famosa frase de Smith acerca de que, en el mercado, no obramos por “benevolencia”. Podríamos decir que “no actuamos por caridad –en el sentido más popular del término- o por altruismo”.

Ahora bien: qué es “la benevolencia” y el “benevolente”? Benevolente (del latín benevŏlens) es aquel que tiene benevolencia (buena voluntad hacia las personas.) La benevolencia, a su vez, está asociada a la bondad y la cualidad de bueno.

Sin embargo para Hume tiene un sentido más restringido cuando dice que “la benevolencia, o apetito que acompaña el amor, es un deseo de felicidad hacia la persona amada” (op.cit., pág. 576). Aquí debe entenderse el concepto de “apetito” como “impulso instintivo”.

Hoy podríamos decir que la bondad hacia las personas no se reduce a una cuestión meramente instintiva sino que puede (o debería) también implicar valores y una buena voluntad manifestada en actos racionales expresados en procedimientos y acciones concretas que produzcan ese bien a otras personas. Por lo tanto tendríamos que evaluar (el discernimiento a través de la razón) si las consecuencias de nuestros procedimientos producen o no bien. No es meramente un instinto o una pasión que queda agotado en esta dimensión.

De lo anterior se pueden desprender varios interrogantes: ¿por qué no buscar lo bueno en una relación (mejor sería vínculo) de intercambio? ¿Lo bueno para uno (amor a uno mismo) y lo bueno para el otro o los otros (amor al prójimo)? ¿Lo bueno en términos de cantidad, calidad, precio, condiciones de entrega y post servicio, etc.? ¿Lo bueno en términos de precio no se podría alcanzar en términos de comercio justo (fair trade) en cambio de relaciones de fuerza o de poder? ¿Los que practican comercio justo no se ponen realmente (desde una empatía compasiva) en el lugar del otro y buscan actuar en consecuencia para reducir las asimetrías en el intercambio? ¿Esta no sería una empatía profunda o compasiva en cambio de una superficial o friendly?

Por útlimo podríamos preguntarnos si lo bueno en materia de distribución del ingreso ¿no equivale a que no haya pobreza y a reducir drásticamente las desigualdades? Lo bueno en lo impositivo ¿no corresponde lo bueno a la progresividad de los impuestos directos a las personas, evitando la evasión y la elusión? En cuanto a la asignación de los fondos fiscales ¿no coincide lo bueno con buscar la eficacia, la eficiencia, la equidad y la transparencia, evitando la corrupción?

ALGUNAS CONCLUSIONES

En la tipología de relaciones que plantea Smith en la TSM (II,2 y 4), se destaca que:

  1. “La sociedad no puede subsistir entre quienes están constantemente prestos a herir a los otros”. Por lo tanto descarta la subsistencia de una sociedad si hay agresividad expresada en herir o agredir a otros, y en consecuencia no es viable la coexistencia si “el hombre es lobo del hombre”, originalmente formulado por Tito Maccio Plauto 254 a. C. – 184 a. C. en su obra Asinaria y luego por Thomas Hobbes en su obra De Cive. Ello se resuelve –en este último autor- a través de la ley natural y el contrato social garantizado por un poder coercitivo (Leviatán, XV).
  1. “Una sociedad de personas puede subsistir, como la de comerciantes, en razón de la utilidad mutua, sin ningún amor o afecto mutuo (…) por un intercambio mercenario”. Podríamos afirmar que, en una medida significativa, seguramente es la utilidad mutua de un intercambio, donde –entre otros elementos- juegan relaciones de fuerza, lo que ha predominado. El sin afecto mutuo podemos relacionarlo con una indiferencia frente a la exclusión y la desigualdad que se generaba (la mano invisible no lo pudo arreglar). Ello ha estado moderado por el accionar progresivo del Estado y la filantropía -en algunas sociedades- y, en otros casos, distorsionada o agravada por la corrupción y la economía ilegal. Hay autores como Lipovetsky (2006) que plantean que esto hoy está acentuado en un neoindividualismo de tipo narcisista en lo que denomina “la segunda revolución individualista”.
  1. La simpatía, o comunicación de pasiones -como la denominaba Hume-, es para Smith un acto de «ponerse en lugar de» (TSM. I, 1) y «padecer con» (TSM, I, 3, 1) y especifica que para él no se trata sólo de una transferencia emotiva sino que es cognitiva y base de la aprobación moral (TSM, I, 1, 3 y TSM, I, 1, 4). Es una característica auténtica de esta sociedad y una precondición para una existencia fluida del mercado que exceda “lo mercenario” (habla de “lazos de unión y amistad”).
  1. Agregaremos la empatía compasiva desde un punto de vista sistémico, como una posibilidad de ampliar el alcance de la benevolencia. Dicha alternativa no fue formulada ni aceptada por Adam Smith porque implicaría que los lazos de unión y amistad del intercambio conllevaran en la práctica equidad y justicia evitando el crecimiento de la desigualdad y la existencia de exclusión.

¿Es posible esta quinta alternativa? ¿O es una mera utopía? Podríamos decir que esta alternativa fue buscada, de distintas formas, por las diversas reacciones que se produjeron en la modernidad con motivo del surgimiento del capitalismo. Ellas van desde el rol del sindicalismo hasta las distintas corrientes del socialismo y otras manifestaciones de la cultura. En lo específicamente económico se pueden mencionar desde el owenismo y las expresiones de la economía social hasta más recientemente modalidades de comercio justo, las empresas sociales, la economía verde y la economía azul. Se pueden agregar evidencias empíricas –respuestas a encuestas de emprendedores- (Kantis, Ishida y Komor, 2002, gráfico 2, pág. 3) donde surge que el lucro (o más en general “hacerse rico” como fin) no es lo central en el móvil para encarar una empresa, lo que abre la perspectiva de que “lo bueno” pueda ser incorporado “en lo económico”. A ello habría que agregar enfoques como los vinculados al desarrollo y a una intervención del estado que mitigue o compense desigualdades e imperfecciones del mercado.

Volviendo a lo micro e individual, la empatía compasiva no se puede imponer sino que germina en el interior de los seres humanos a partir de identificarse con buenas experiencias afectivas al interior de lo familiar y social desde los primeros años y se refuerza posteriormente también a través de identificación con arquetipos relacionados con esta forma de expresión humana, en la educación, en vivencias religiosas y humanísticas significativas (si las hubiera) y otras manifestaciones de la cultura.

En los –aproximadamente- doscientos cincuenta años que pasaron de la publicación de las obras de Smith han habido avances importantes en la psicología acerca del conocimiento de la interioridad del ser humano.  Por citar sólo dos (además de los aportes de la economía del comportamiento): la importancia de la sublimación de la agresividad individual (véase, por ej., la carta de Freud, Why war? a Einstein en 1932 y Lorenz, 1972) –que podríamos aplicar al tipo de relación planteada en el punto 1- hasta el enfoque cognitivo-evolutivo de la psicología moderna del desarrollo con Piaget (1974) y Kohlberg (1992).  Este último va a plantear tres niveles y seis etapas del desarrollo moral del individuo, siendo la última la vivencia de principios éticos universales (posteriormente sugirió una séptima etapa vinculada a una moral trascendental).

La “alquimia de un mundo mejor” conlleva resolver, de manera sustantiva, el “problema de Adam Smith”. Resolverlo de manera formal facilitando la economía de mercado con la simpatía no sólo no alcanza sino que no es sustentable ni en lo medioambiental ni con los desafíos que plantea el acelerado cambio científico-tecnológico ni en lo socioeconómico por la creciente desigualdad y no resolución del problema de la pobreza en pleno siglo XXI. Una empatía compasiva nos permitiría construir progresivamente o converger a un postcapitalismo que promueva la cultura del cuidado y del compartir entre los seres humanos.

* Economista. Se ha desempeñado como Profesor de Sistemas Económicos Comparados en la FCE-UBA de 2003 a 2015.

Referencias bibliográficas:

Goleman, D., Inteligencia Social, Kairos, 2006

Hobbes, Th. Leviatán, Ed. Losada, 2003

Hume, D.,  Tratado de la Naturaleza Humana, ed. Orbis S.A. – Hyspamerica, Buenos Aires, 1984

Kancyper, L., Amistad, una hermandad elegida, Ed. Lumen, 2015.

Kantis, H., Ishida, M. y Komor, M. Empresarialidad en Economías Emergentes: Creación y desarrollo de nuevas empresas en América Latina y el Este de Asia, Resumen, Banco Interamericano de Desarrollo, marzo de 2002.

Kohlberg, L., Psicología del desarrollo moral, Ed. Desclee De Brouwer, 1992

Lipovetsky, G. La era del vacío: ensayo sobre el individualismo contemporáneo, Ed. Anagrama, 2006

Lorenz, K., Sobre la agresión: el pretendido mal. Siglo XXI, Madrid, 1972

Manes, F., Usar el cerebro. Planeta, 2014

Nicol, E., Introducción a la Teoría de los Sentimientos Morales, El Colegio de México, FCE, 1941

Oncken, A. (1897): The consistency of A. Smith, Economic Journal, 7 443-450.

Pena López, J. A. y Sánchez Santos, J. M. (2007), El problema de Smith y la relación entre moral y economía, Departamento de Economía Aplicada I, Universidad de A Coruña, SEGORÍA. Revista de Filosofía Moral y Política N.o 36, enero-junio, 2007, pp. 81-103

Piaget, J., El criterio moral en el niño, Ed. Fontanella, España,1974

Rosanvallón, P., El Capitalismo Utópico, Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 2006

Sen, A., La Idea de Justicia, Ed. Taurus, 2010

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6 comentarios sobre “Un mundo mejor y el problema de Adam Smith

  1. Un artículo muy bien documentado, con bibliografía bien estudiada y razonada, bien empleada y muy bien redactado.
    Da lugar a muchas reflexiones sobre lo que es la ciencia económica, el concepto de “la mano invisible” y cómo se la tendría que ayudar para alcanzar el bienestar de todos los miembros de la sociedad.

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  2. Excelente artículo. A medida que lo leía aparecía en mi mente Simón y su idea de quilibrio organizacional vinculado a la percepción del aporte que cada uno realiza y la percepción de la recompensa que recibe. Gracias.

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