El futbol y el espacio, dos pasiones argentinas I

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Por Andrés López*, Paulo Pascuini** y Adrián Ramos***

En una declaración reciente, el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao sentenció: “Suspender la construcción del ARSAT III es como no ir al Mundial”. Pero, ¿qué relaciona al futbol con los satélites y el espacio? El futbol es una reconocida pasión argentina, con sus máximos logros (dos Mundiales) y sus respectivos héroes (Kempes, Maradona, Fillol, etc.), que todos, aun aquellos que no son amantes de ese deporte, conocemos. La comparación del ministro Barañao es una apuesta a que de acá a un tiempo los trofeos y jugadores de la economía del espacio en Argentina tengan un reconocimiento parecido, como ocurre en naciones como los Estados Unidos. Aquí realizamos un breve repaso de la trayectoria argentina reciente en esta área, y una descripción de quienes son los titulares indiscutibles de nuestro plantel espacial nacional. 

Los trofeos espaciales alcanzados por la Argentina

Después de la Segunda Guerra Mundial, una parte importante de la Guerra Fría se disputó a través de la llamada carrera espacial, que tuvo como protagonistas a los EEUU y a la Unión Soviética. Se trató de un esfuerzo realizado por ambos países para explorar el espacio exterior con satélites artificiales y enviar animales y seres humanos fuera de la atmosfera terrestre. La carrera se inició el 4 de octubre de 1957 cuando la Unión Soviética puso en órbita el Sputnik 1. El 3 de noviembre del mismo año el primer ser vivo fue lanzado al espacio en el Sputnik 2; se trataba de Kudryavka, luego conocida como la perra Laika (por su raza) quien murió de estrés y sobrecalentamiento poco después de llegar al espacio. Dos años más tarde, fueron las perras soviéticas Belka y Strelka quienes orbitaron alrededor de la Tierra y regresaron con vida.

El 18 de diciembre de 1958 el primer satélite de telecomunicaciones fue lanzado por EEUU; se trataba del Project SCORE que se encargó de transmitir al mundo un mensaje de Navidad del presidente Eisenhower. En 1961 el primer humano en el espacio fue el soviético Yuri Gagarin a bordo de la nave rusa Vostok 1 lanzada el 12 de abril; poco después lo siguió el estadounidense Alan Shepard a bordo del Mercury Redstone.

Una gran cantidad de hitos se acumularon desde aquel 4 de octubre de 1957 hasta la actualidad, sumándose nuevos equipos a esta competencia (India, China, la Unión Europea), con jugadores que ya no son solo estatales (aunque estos siguen siendo dominantes), sino también privados (Elon Musk y Space X son el ejemplo más conocido). Y si bien las motivaciones militares y de seguridad siguen siendo centrales, la carrera espacial hoy también es sobre la economía, e incluso, para muchos de los actores que la corren, sobre la propia supervivencia de la humanidad.

De la misma forma que los seleccionados de futbol se miden entre sí en función de los logros en competencias internacionales, los países que han ingresado al área espacial pueden medirse en función de los hitos que han alcanzado. Danielle Wood y Annaliza Weigel (2012) proponen una Escalera Tecnológica Espacial (STL por su acrónimo en inglés), la cual está compuesta por una lista de hitos (trofeos) que se clasifican según su complejidad técnica; dentro de cada hito hay diferentes niveles según la autonomía tecnológica nacional alcanzada al emprender una determinada actividad. En la tabla 1 presentamos la Escalera Tecnológica Espacial y luego una descripción de cómo ha sido la trayectoria argentina a lo largo de la misma.

Tabla 1: Escalera Tecnológica Espacial

Categoría Nivel Hito
1:
Agencia Espacial
1 Agencia Espacial: Establecer la primer oficina espacial nacional
2 Agencia Espacial: Establecer una Agencia Espacial
2:
Satélite de Orbita Baja
(LEO)
1 Satélite LEO: Comprar con servicio de entrenamiento
2 Satélite LEO: Construir con soporte en las instalaciones de los socios
3 Satélite LEO: Construir localmente con asistencia externa
4 Satélite LEO: Construir mediante colaboración internacional
5 Satélite LEO: Construir Localmente
3:
Satélite Geoestacionario
(GEO)
1 Satélite GEO: Comprar
2 Satélite GEO: Construir localmente con asistencia externa
3 Satélite GEO: Construir mediante colaboración internacional
4 Satélite GEO: Construir Localmente
4:
Capacidad de Lanzamiento
1 Capacidad de Lanzamiento: Satélite a LEO
2 Capacidad de Lanzamiento: Satélite a GEO

Fuente: Elaboración propia en base a Wood y Weigel (2012)

  1. El segundo nivel de la primera categoría fue alcanzado por la Argentina en 1991 con la conformación de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE).

 

  1. En 1996 Argentina alcanzó el nivel cuatro de la segunda categoría cuando lanzó el satélite científico SAC-B, el cual por una falla de energía no pudo liberarse del lanzador Pegasus XL, fabricado por Orbital Science Corporation. Sin embargo, durante las 12 horas en las que se estableció contacto con el satélite desde su lanzamiento, se verificó que funcionó y respondió a los comandos. El SAC-B era un mini satélite de 191 Kg con una carga útil de 50 kg. Este proyecto se llevó adelante en colaboración con la NASA, al igual que el SAC-A (1998), el SAC-C (2000) y el SAC-D/ Aquarius (2011).

 

  1. La siguiente categoría vinculada a la construcción de satélites geoestacionarios (ver nota previa en Alquimias Económicas para una explicación sobre este tipo de satélites), los equipos que han sido capaces de alcanzar esta categoría son 8: Argentina, China, Estados Unidos, India, Israel, Japón, Rusia y la Unión Europea. Esta categoría fue alcanzada por la Argentina en el mayor nivel de independencia tecnológica nacional (4) en el 2014 mediante la construcción del ARSAT I cuya pisada cubre principalmente el territorio argentino. A este le siguió el ARSAT-2 que fue lanzado en 2015, cuya pisada cubre Argentina, el Corredor Andino, parte de Brasil y América del Norte. Ambos satélites están operativos en la actualidad y han vendido toda su capacidad operativa eficiente (en el caso de ARSAT-2, los servicios también se han vendido en los Estados Unidos).

 

  1. En cuanto a la última categoría, la lista de países que poseen capacidad de fabricar vehículos de lanzamiento para poner en órbita satélites alcanza a 11 casos: China, Corea del Norte, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Irán, Israel, Japón, Reino Unido y Rusia. La Argentina alcanzaría el primer nivel de la misma, es decir la obtención de capacidad de lanzamiento de satélites de órbita baja (LEO), a finales del 2020 con el proyecto Tronador II, cuyo vuelo inaugural se hará desde Puerto Belgrano, provincia de Buenos Aires. Aunque no existen planes para crear capacidades de lanzamiento de satélites GEO, el último paso de Escalera Tecnológica Espacial, es necesario tener en cuenta que la latitud de la Argentina no es adecuada para el lanzamiento de este tipo de satélites.

El plantel espacial argentino

Al igual que en la selección nacional de futbol, los logros en las actividades espaciales de nuestro país dependen del trabajo en equipo, aunque algunos jugadores poseen un rol indiscutido. El primero de ellos es la mencionada CONAE, quien está a cargo del Plan Espacial Nacional, cuya primera versión se lanzó en 1995 (tres revisiones del Plan fueron aprobadas posteriormente, la última es el “Plan Espacial Nacional 2016-2027” aprobado en 2017). Los objetivos básicos del Plan Espacial son alentar el desarrollo tecnológico nacional en el área espacial y llevar a cabo investigaciones relacionadas.

El segundo jugador indiscutible del plantel nacional es INVAP, quien desarrolló todos los satélites puestos en órbita por la CONAE y los ARSAT I y II. Se trata de una firma estatal, creada en 1976 y que es propiedad de la provincia de Río Negro. INVAP fue originalmente un proyecto nacido en 1972 dentro del Grupo de Física Aplicada del Instituto Balseiro, un centro académico de reconocimiento internacional en los campos de la física experimental y la ingeniería nuclear. Aunque hasta el momento en el cual la CONAE invitó a participar en la construcción de la serie de satélites SAC a la firma INVAP esta no había trabajado en esta área espacial, los desarrollos en el área nuclear habían conducido a la acumulación de capacidades humanas y técnicas en áreas tales como química orgánica e inorgánica, electrónica, desarrollo de software, proyectos de diseño mecánico, física, cálculo y simulación de estructuras, y garantía de calidad, todos los cuales también son útiles para la actividad aeroespacial. Vale mencionar que de la misma forma en la cual INVAP extendió sus actividades de lo nuclear a lo espacial, en el transcurso del desarrollo de uno de los proyectos aún vigente (SAOCOM), INVAP desarrolló una nueva tecnología (Radares de Apertura Sintética) que le ha permitido extenderse al área de radares (en la actualidad construye radares primarios, secundarios y meteorológicos).

Aunque, como se mencionó, la CONAE está a cargo del Plan Espacial Nacional, este último no incluye satélites de telecomunicaciones. Esta área es actualmente administrada por el tercer jugador más importante del plantel espacial argentino: ARSAT. Se trata de una empresa estatal creada en 2006 y su objetivo incluye: (a) el diseño, desarrollo, construcción, lanzamiento y/o operación de satélites de geoestacionarios de telecomunicaciones puestos en posiciones orbitales asignadas a la Argentina bajo el procedimientos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT); y (b) la correspondiente explotación, uso, provisión de instalaciones satelitales y la comercialización de servicios relacionados con los satélites de telecomunicaciones.

Como resultado de la sociedad entre INVAP y ARSAT surge un nuevo jugador, que ha tomado relevancia en los últimos años, con la creación de la empresa CEATSA (Centro de Ensayos de Alta Tecnología), cuyas operaciones comenzaron en 2013. El objetivo de la compañía es brindar servicios avanzados de pruebas a la industria satelital, así como a otros sectores tales como electrónica, automotriz, defensa, energía y maquinaria. Anteriormente, los satélites de INVAP se probaban en Brasil, en el INPE (Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales).

Mientras que INVAP está a cargo del diseño y la producción de satélites, en el marco del proyecto de producción local de vehículos de lanzamiento aparece el último de los jugadores más relevantes de nuestro plantel espacial, la firma VENG S.A. (sigla en español de Vehículos Espaciales de Nueva Generación). La empresa, controlada por CONAE, se creó en 1998 y luego de varios años de inactividad, cobró impulso con la firma de los contratos para desarrollar los cohetes Tronador I y II a mediados de los años 2000. Se han realizado ya diferentes pruebas piloto y ensayos con prototipos de cohetes. Los combustibles especiales están siendo desarrollados por Y-TEC, una asociación entre la petrolera estatal YPF y el CONICET. Si el proyecto se completa con éxito, se estima que VENG podrá realizar entre 5 y 10 lanzamientos por año, que no solo satisfará las necesidades del Plan Nacional Espacial, sino que también permitirá los lanzamientos en virtud de acuerdos de cooperación con otras agencias espaciales internacionales.

Si bien CONAE, ARSAT, INVAP, CEATSA y VENG son los titulares indiscutibles del seleccionado espacial argentino, existen otros jugadores públicos, académicos y privados que también contribuyen a los desarrollos tecnológicos y productivos en esta área, y por lo tanto al alcance de los hitos mencionados. Según un informe de la CONAE al que tuvimos acceso, la agencia tiene alrededor de 70 proveedores, de los cuales 10 son organizaciones públicas o universitarias de ciencia y tecnología, y el resto son pequeñas y medianas empresas. Estos últimos son en su mayoría empresas basadas en la tecnología y empresas jóvenes (casi el 65% de ellas se crearon después de 2000).

La inversión en ciencia y tecnología es por definición una apuesta a futuro, que en el área espacial, tal como hemos argumentado, ha tenido resultados exitosos en la Argentina. A diferencia de los torneos como el Mundial de Futbol, que se juegan en un rango temporal limitado, la competencia en materia espacial se juega todos los días debido a que la frontera tecnológica se mueve contantemente: si cierta tecnología no se desarrolla en el momento adecuado de poco servirá hacerlo más adelante cuando la frontera se haya desplazado. Las demoras en el proyecto ARSAT 3 –el acuerdo entre ARSAT y la firma estadounidense Hughes aún no termina de concretarse según la información disponible- tienen consecuencias negativas en este plano ya que las capacidades adquiridas en los desarrollos de ARSAT 1 y 2, tanto en materia de conocimiento y experiencia como en el propio desarrollo de instrumentos, tienden a desactualizarse. Adicionalmente, también se ve afectada la acumulación de capital humano específico. Lo mismo vale para otras iniciativas que no hemos tenido espacio de desarrollar aquí y dejaremos para una nota futura: “El Futbol y el espacio, dos pasiones argentinas II” (en la cual también describiremos a algunos otros actores de este juego, como el Ente Nacional de Comunicaciones, el “árbitro” del partido en comunicaciones satelitales). Por ejemplo, hasta donde sabemos el proyecto SARE de satélites de observación en manos de la CONAE está demorado, y el desarrollo de una plataforma de propulsión eléctrica por parte de INVAP no consigue financiamiento, ambas tecnologías de frontera que pondrían a la Argentina en un nivel de competitividad comercial internacional que hasta el momento no ha alcanzado. Siguiendo la línea de la analogía realizada por el Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, agregamos que no invertir recursos en estos proyectos es como no entrenar para el Mundial por falta de financiamiento; si bien los resultados de estas inversiones son inciertos, al tratarse de un sector de frontera, si no se sigue la carrera se corre el riesgo de depreciar los activos que hemos adquirido a lo largo del proceso aquí descripto en uno de los pocos sectores industriales de alta tecnología en donde la Argentina ha generado capacidades de in­novación propias (López, Pascuini y Ramos 2017). Todo indica que hay equipo, pongámonos la camiseta y juguemos.

Director del Departamento de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas (Universidad de Buenos Aires). Investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-BAIRES). Investigador Independiente del CONICET.

** Licenciado en Economía de la FCE-UBA. Investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-BAIRES).

*** Licenciado en Economía de la FCE-UBA, ha realizado el Master of Science in Economics en The London School of Economics and Political Science (Reino Unido). Actualmente Subdirector del Departamento de Economía y del Instituto Interdisciplinario de Economia Politica de Buenos Aires (UBA CONICET).

 

 

 

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