¿Puede Grecia permanecer en el euro?

greece

Por Manuel Agosin*

El drama del nuevo rescate griego terminó finalmente con un acuerdo entre los líderes de la zona euro para que Grecia recibiera €86 mil millones adicionales, a cambio de una serie de reformas económicas que incluyen un alza en el IVA y una mayor unificación en sus tasas, la eliminación de excepciones a la edad de jubilación, la aceptación por parte del gobierno griego que los trabajadores públicos desvinculados en cumplimiento del segundo rescate de 2012 no serían reincorporados, y la creación de un fondo a ser administrado con tuición internacional para privatizar empresas públicas. Las condiciones aceptadas por Grecia para lograr permanecer en el euro representan una intromisión en su economía por sus acreedores nunca vista en Europa.

El drama tuvo varias etapas desde que el gobierno del partido izquierdista Syriza, liderado por el Primer Ministro Alexis Tsipras asumiera a comienzos de 2015. Ella incluyó un interminable número de reuniones con un alto grado de dramatimismo protagonizado por el ahora renunciado Ministro de Hacienda Yanis Varoufakis; continuas amenazas de las autoridades griegas de no cumplir con sus compromisos con el Banco Central Europeo, el fondo de rescate de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional; la suspensión de negociaciones hacia fines de junio por el propio Primer Ministro Tsipras y el llamado a un referéndum para aceptar o rechazar lo que el gobierno denominó las imposiciones de sus socios europeos para llegar a un acuerdo. A pesar de haber ganado el referéndum para rechazar dichas condiciones, Tsipras terminó ofreciendo y negociando una condicionalidad aún más extrema que la que había estado sobre la mesa antes de su abrupto retiro de las negociaciones.

El dilema es ahora si el acuerdo de rescate será suficiente para que Grecia permanezca en el euro, pueda disminuir en forma significativa su fuerte deuda pública y pueda el gobierno eventualmente volver a los mercados internacionales de capitales. La respuesta es que estos objetivos serán difíciles de cumplir. Y una nueva crisis en el mediano plazo no puede descartarse.

El que crea que Grecia no ha impuesto un severo ajuste a su economía está profundamente equivocado. El empleo público ha disminuido en más de 80 mil puestos de trabajo entre 2012 (al momento del segundo rescate), lo que representa un 12% del total de empleados públicos. El balance primario de las cuentas públicas (balance sin incluir pagos de intereses sobre la deuda pública) pasó de un déficit de 5,1% del PIB en 2010 a un superávit de 1,5% en 2014.

A pesar de estos esfuerzos, que en teoría podrían haberle permitido al país comenzar a reducir su deuda, la deuda pública aumentó de 148% del PIB en 2010, año en que se reveló que la deuda pública griega era mucho mayor que las cifras que le informaba a la Comisión Europea, a 184% a fines de 2014.

Gráfico 1: Deuda pública bruta de Grecia, 2010-2014 (porcentaje del PIB)

GRAFICO1

Fuente: FMI

La razón es obvia: la austeridad no puede corregir el problema de sustentabilidad de la deuda pública cuando la economía entra en lo que ha sido una verdadera depresión. Desde 2008 el PIB se ha contraído en 26% y el desempleo llegó a 27% de la fuerza de trabajo hacia fines de 2014. Estas cifras catastróficas ponen al país en una situación parecida a las experimentadas por los países desarrollados durante la Gran Depresión de los años 30. Como lo sabemos desde que Keynes analizó el problema durante ese período, en situaciones en las que se contrae la economía, esfuerzos por reducir gastos y aumentar los ingresos públicos sólo redundan en una mayor contracción económica, sin aliviar las presiones sobre las finanzas públicas.

Gráfico 2: PIB griego, 2008-2014 (2008=100)

GRAFICO2

Fuente: FMI

Esto no significa que Grecia no tenga ningún espacio para mejorar el funcionamiento de su economía. Existen sectores privilegiados, generalmente de altos ingresos, que pagan pocos impuestos, grupos con jubilaciones anticipadas, clientelismo en el sector público, una mentalidad corporatista para fijar reglas de competencia y otros males que impiden que Grecia vuelva a experimentar altas tasas de crecimiento.

Asimismo, su inhabilidad para permitir una depreciación cambiaria que le devolviese competitividad a sus sectores exportadores y competidores con importaciones es efectivamente una traba a su recuperación. Por otra parte, las autoridades no controlan la política monetaria, que está determinada para toda la zona euro en Frankfurt por el Banco Central Europeo y, en las circunstancias actuales, las tasas de interés para deudores griegos están afectadas por los altos costos de la deuda soberana.

Así las cosas, Grecia no está en condiciones de relanzar su crecimiento con políticas macroeconómicas convencionales. Y las reformas estructurales que el país necesita sólo darán fruto en plazos demasiado largos para que los inversionistas (nacionales y extranjeros) y consumidores vuelvan a tener confianza en la economía

La única manera es devolverle al gobierno la capacidad de tener una política fiscal más expansiva y que ese espacio sea utilizado no para retornar a políticas clientelistas sino para realizar las inversiones en infraestructura que el país necesita y que eleven el nivel de demanda agregada. Y ello no se puede lograr sin un importante alivio de la deuda. La necesidad de dicho alivio ha sido afirmada públicamente por el FMI en semanas recientes.

Es poco probable que Grecia pueda, en un futuro previsible, conseguir salir de su problema sin un alivio de la deuda. Hoy por hoy, a raíz de los dos rescates anteriores por parte del Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, una buena parte de la deuda pública griega ha quedado en manos de acreedores oficiales. Por lo tanto, la tasa efectiva de interés sobre la deuda pública de aquí a fines de la década es de tan sólo 3,3% (cálculos del FMI). Esto significa que el PIB nominal en euros debe crecer a esa tasa sólo para que la razón de deuda a PIB permanezca en su nivel actual. Vale decir, ya que la inflación se proyecta a no más del 1% anual, el PIB real tendría que crecer a una tasa de más o menos un 2%, lo que se ve altamente improbable con la continuación de la austeridad que involucra el acuerdo recién firmado por Grecia y sus socios en la zona euro. Ello casi asegura que habrá una nueva crisis y nuevas negociaciones, a no ser que sus socios europeos le perdonen al país una proporción significativa de la deuda.

El problema está que los países nórdicos de la zona euro, liderados por Alemania, son renuentes perdonar parte de la deuda, porque ello involucraría una transferencia de recursos desde el resto de la zona a Grecia. Y quizás hacerlo esta vez sería un precedente para que otros países fuesen poco cuidadosos con sus finanzas públicas en la expectativa de que, al final del día, para evitar crisis financieras, ellos también recibieran ayuda oficial de los países de la zona en su conjunto.

Pero la verdad es que una unión monetaria sin un elemento de política fiscal común no puede funcionar en el largo plazo. Ya los países del euro se han quedado sin política cambiaria y sin política monetaria. Las condiciones económicas dispares en diversos países podrían requerir deprecaciones cambiarias y políticas monetarias holgadas en unos y apreciaciones y políticas monetarias más restrictivas en otros. Como esto no es posible en una unión monetaria, las transferencias fiscales desde países en mejor situación a países con problemas son inevitables. Estas transferencias deberían tomar la forma de préstamos con apropiada condicionalidad pero respetando la necesidad de los países que enfrentan situaciones de crisis, por la razón que sea, vuelvan al crecimiento. Y en ocasiones extremas, como la griega, es indispensable el alivio de la deuda.

Algunos dirán que los castigos que han azotado a Grecia son auto infligidos. Pero eso es agua bajo el puente. En estos momentos, el alivio de la deuda es indispensable, a cambio de la cual los acreedores oficiales deberían exigir reformas estructurales que hagan a la economía griega más competitiva en el largo plazo. Y un buen uso del mayor espacio fiscal que el alivio supondría. De otro modo, es poco probable que Grecia pueda permanecer en el euro. En ese escenario, la crisis será no sólo griega sino del euro.

[Esta nota fue publicada previamente en El Mercurio de Chile]

*Manuel Agosin es Decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile. Es especialista en Economía Internacional y Macroeconomía, desde 1992 fue Director y Profesor Titular del Departamento de Economía de la Universidad de Chile. Asimismo, es Consultor del Banco Interamericano de Desarrollo. Entre 2001 y comienzos de 2006 se desempeñó como Economista Jefe para América Central, República Dominicana, Haití y México en el Departamento Operativo del BID que sirve a estos países. Es Ph.D. en Economía de Columbia University y su primer grado es de la Universidad de Chile. Ha sido asesor de varios países latinoamericanos y consultor de Naciones Unidas y organismos financieros internacionales. Ha publicado varios libros y artículos en revistas internacionales especializadas.

 

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