Reformas en modo sinécdoque

Cangrejos: características y tipos de estos crustáceos

Por Oscar Cetrángolo*

Sinécdoque: Del lat. synecdŏche, y este del gr. συνεκδοχή synekdochḗ, de συνεκδέχεσθαι synekdéchesthai ‘recibir juntamente. Designación de una cosa con el nombre de otra, de manera similar a la metonimia, aplicando a un todo el nombre de una de sus partes, o viceversa, a un género el de una especie, o al contrario, a una cosa el de la materia de que está formada, etc., como en cien cabezas por cien reses, en los mortales por los seres humanos, en el acero por la espada, etc. (Diccionario de la RAE)

Hemos sostenido en varias oportunidades[1] el deterioro que ha significado para la sociedad argentina el diseño de políticas públicas como parches transitorios en lugar de cambios que, anticipándose a los problemas (de eso se trata, entre otras cosas, el “buen gobierno”) logren redefinir la política sectorial para hacerla más efectiva y sostenible.

Hoy se pueden escuchar y leer en medios masivos y redes sociales perentorios llamados a la necesidad de reformas estructurales relacionadas con diversas políticas públicas (previsión social, salud, educación, tributación, federalismo, por citar las más frecuentes). La primera evidencia, bastante lógica para quien siga estos temas, es la coincidencia sobre la necesidad de reformas conviviendo con una enorme disidencia en cuanto a los contenidos de cada propuesta. De hecho, muchas veces, los llamados a definir alguna de ellas como “Política de Estado” denota la imposibilidad del debate o, peor aún, la pretensión de imponer una visión particular como la única posible, evitando deliberadamente el debate necesario.

Plantar árboles para no ver el bosque

La segunda evidencia, tal vez más absurda, refiere a que estamos acostumbrados a evitar ese debate a partir de considerar aspectos muy parciales (y muchas veces accesorios) de la política como la propia reforma estructural que requiere el sector. De esta manera, se confunde a la población, se evita la reforma necesaria y se proponen cambios marginales que no tienen sentido si se plantean de manera aislada a la reformulación sectorial. Solo se trata de escapes cortoplacistas que pretenden definir el todo a partir de una de sus partes. Ejemplos de estas “reformas en modo sinécdoque” pueden ser tomar los cambios en la movilidad de los haberes como si fuera la reforma previsional; el ajuste de cuotas de prepagas o el recupero de costos en los hospitales públicos como una reforma del sistema de salud; considerar que la introducción de un impuesto de emergencia sobre las altas rentas es la reforma tributaria; el aumento de los salarios docentes como la reforma educativa; el congelamiento de algunos precios como la política antiinflacionaria; el cambio de jueces por una reforma judicial; la quita de fondos a una jurisdicción como una reforma del federalismo; un bono excepcional como la política social; un régimen promocional como política industrial…, y podemos seguir agregando ejemplos, que abundan en la Argentina.

Se trata de parches que evitan discutir los cambios profundos, donde necesariamente aparecerán ganadores y perdedores.

De ese listado, tal vez los que más atención han suscitado en los últimos meses han sido la movilidad previsional, el impuesto a las altas rentas y, en estos días, la llamada reforma de salud. En este caso, a falta de un debate serio y amplio, hay definiciones generales típicas de las redes sociales o las plataformas de los partidos que buscan evitar conflictos antes de cada elección (“se busca un sistema universal y equitativo”), temas coyunturales marginales a la reforma sectorial (“control sobre cuotas de las prepagas”) y un mundo en el medio donde predomina más la puja política (entre partidos o, mucho más frecuente, hacia el interior del gobierno de turno). En todo caso, se nota y angustia la falta de debates que integren la meta buscada, el diagnóstico sobre la situación de partida, la definición de ganadores y perdedores y, tal vez lo más importante, el sendero de cambios que contribuyan al objetivo deseado.

Parches que, como la cigarra, evitan el largo plazo

Más allá de esas certezas, se puede percibir en una parte importante de la sociedad una desconfianza de las políticas que priorizan el largo plazo. Entre muchos otros, confluyen en estas posiciones mucho oportunismo y factores culturales.

En este sentido, se percibe cierto rechazo al sacrificio por una parte importante de la sociedad. Existe en muchos sectores cierto menosprecio al lento trabajo que nos mejora día a día para consolidar sociedades más cohesionadas, basadas en políticas de desarrollo sustentables. En su lugar, se espera alguna solución mágica que (como sucedió varias veces en nuestra historia) nos permita evitar esos sacrificios. Se trata, en todo caso, de esperar la llegada de ese maná del cielo (o la mano de Dios) para “pasar el invierno”, nunca de ahorrar en el verano, como le explicaba la hormiga a la cigarra de Esopo.

A ello se debe sumar el comportamiento oportunista de sectores que entienden que los cambios necesarios podrían perjudicarlos al afectar ventajas logradas que consideran irrenunciables derechos adquiridos[2]. También hay que tener en cuenta el oportunismo cortoplacista de sectores de la política obsesionados por ganar elecciones a cualquier costo. Saben que es más fácil conseguir los votos en favor del presente y el pasado (los activos y los adultos) que los del futuro.

En una nota previa, donde señalábamos lo inconveniente que resulta la digestión de buñuelos fríos, mencionamos el fuerte sesgo de la política social hacia la población adulta (tanto en relación a la cobertura, el gasto público y la incidencia sobre la pobreza) que contrasta con la deficiencia en materia de política destinada a la población infantil y adolescente, que se manifiesta en niveles de pobreza e indigencia inaceptables, así como la baja calidad de la educación básica, atentando en contra de las posibilidades de desarrollo futuro y la formación de capital humano.

Tanto o más compleja es la trama de derechos adquiridos a lo largo de la historia como resultado de la sucesión de políticas económicas que han favorecido sectores que no han logrado un desarrollo tal que permita competir en el mercado internacional sin el permanente apoyo de alguno de los diversos mecanismos de protección económica. Con el argumento de la protección a la industria infante seguimos asistiendo a las industrias ancianas que no logran madurar.

Es así que las nuevas inversiones (muy exiguas, por otra parte) están dirigidas a los pocos sectores que quedan al margen de la incertidumbre propia del entorno macroeconómico argentino (recursos naturales), sectores que gozan de algún tipo de protección (directa o indirecta) y, como bien señaló Fernando Navajas en un reciente reportaje en el diario La Nación,  a sectores como la construcción, por ser una actividad que (merced a una particular función de producción) funciona como refugio de la inversión que debiera estar dirigida a otros sectores con mayor potencial de aportar al crecimiento en el largo plazo. Así, resulta muy difícil que el país pueda crecer, reducir la formalidad y seguir financiando el nivel de gasto público actual.

Es claro, entonces, que el rechazo de cada grupo a aceptar algún sacrificio presente para lograr un futuro mejor, bajo la excusa de que su propia mirada parcial es la única relevante hace imposible el debate y la construcción de consensos sobre las prioridades necesarias.

Frente a ese panorama desolador, el predominio de miradas parciales que, por lo general, responden a los sesgos e intereses propios de quienes las brindan, profundizan la decadencia instalada en nuestra sociedad.

Si no modificamos la forma en la que definimos las políticas seremos una sociedad cigarra que, por no aceptar ser hormiga, devino en cangrejo…

* Profesor Titular e Investigador del IIEP (UBA – CONICET).


[1] Por ejemplo, en esta nota de Alquimias Económicas sobre los parches en el sistema previsional y en otra, más reciente y amplia que escribimos junto a Javier Curcio y Andrés López. Para un mayor desarrollo del tema, véase Cetrángolo, O. “Política y Economía de la Política Fiscal” en C. Acuña (compilador) Dilemas del Estado Argentino. Política exterior, económica y de infraestructura en el siglo XXI, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2014.

[2] Siguiendo con los ejemplos vinculados con la posible reforma en el sistema de salud, la apropiación por parte de muchos afiliados a las obras sociales de sus aportes obligatorios a la seguridad social para ser utilizados como parte de pago de planes privados puede ser entendido como un derecho adquirido difícil de revertir.

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