El consenso de los disensos (una provocación inoportuna)

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Por Oscar Cetrángolo*

Las campañas previas a cada elección (sea PASO, primera o segunda vuelta) nos regalan un cúmulo de esperanzas y buenas intenciones que nos debiera reconfortar y alimentar las esperanzas de un mundo mejor. Durante el cada vez más dilatado período preelectoral nos inundan con propuestas que a simple vista son indiscutidas, pero que a poco de analizarlas son solo cortinas de humo de quienes no tienen nada sustantivo que decir (o decidieron no decirlo). Se trata de cambiar, de acabar con la grieta, de cumplir, de tener ciudades modernas y de iguales, de transformar la educación… Se trata de pedir que votemos por slogans.

En este “Zubeldismo” de la política, pareciera que los candidatos que quieren disputar por los primeros puestos tienen más miedo a perder los votos conseguidos que a ganar nuevos con propuestas. Es así que surge como gran idea la necesidad de “construcción de consensos sobre las denominadas políticas de Estado”, que hasta se llega al extremo de sugerir que debieran ser acuerdos explícitos firmados sobre un papel, como los muchas veces mencionados y pocas veces comprendidos “Pactos de la Moncloa”.

Por supuesto, las propuestas que intentan ser objeto de acuerdo son, en definitiva, “no consensos”. Se trata de consensuar la necesidad de eliminar el hambre y la pobreza; una reforma tributaria; una nueva ley de coparticipación; la consolidación de un sistema de pensiones sostenible; eliminar la discriminación de género; mejorar la competitividad de la economía. Ni que decir sobre la necesidad imperiosa de declarar las políticas de educación y de salud como políticas de Estado (hasta hay quien reclama que, como deben ser consideradas inversión y no gasto –SIC- no debieran estar sujetas a restricciones presupuestarias). Se trata de múltiples caminos que intentan hacer aparecer al que enuncia estas iniciativas como sensible y propositivo, sin proponer absolutamente nada en concreto. Consensos obvios sobre los títulos, pero no sobre los subtítulos y mucho menos sobre los contenidos de cada reforma. Como buenas avestruces, evitan poner su cabeza en juego…

Prácticamente todos se manifiestan en favor de una reforma tributaria, pero para algunos se trata de reducir el costo laboral de las empresas; para otros consiste en mejorar el financiamiento de la seguridad social; para algunos se trata de abaratar el costo de la canasta de consumo de las familias más humildes mediante le eliminación del IVA sobre ciertos productos (cuya inconsistencia ya fuera analizada aquí), para otros de generalizar el IVA (¿aún más?), para los que están enfrente se trataría de que todos los impuestos recaigan sobre los más ricos (difícil defender un estado fuerte con esa propuesta…). Por lo general el consenso es sobre reducir impuestos, el déficit y la deuda, eso sí, evitando políticas de ajuste en el gasto. Ah, y, por supuesto, eliminando la inflación.

Todos los representantes de provincias y Nación reclaman un nuevo Régimen de Coparticipación. Por supuesto todos quieren que el futuro régimen los beneficie… El colmo de los últimos tiempos es la  apropiación del Fondo del Conurbano Bonaerense por parte de las provincias que no son ni conurbano ni mucho menos Bonaerenses. Todos dicen querer mejorar la calidad y equidad en la atención de la salud, pero nadie quiere contribuir con su aporte obligatorio a mejorar la salud de los que tienen menos ingresos. Podríamos seguir dando ejemplos, pero resulta ocioso y muy deprimente.

En el otro extremo están los que no tienen posibilidades de liderar las voluntades de voto y, en este caso, parecen más preocupados por cazar votantes desprevenidos que puedan apoyar cualquier propuesta inconsistente antes que discutir los problemas reales y sus posibles soluciones. Raúl Baglini resultó siendo optimista cuando decía que, según Wikipedia (aunque no lo crean ahí está la definición) “el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es directamente proporcional a sus posibilidades de acceder al poder.” En realidad, son los partidos o dirigentes que no tienen posibilidades (o tienen menos posibilidades de las que pretenden) de ganar quienes hacen alguna propuesta. Por supuesto, siguen siendo irresponsables. En eso no cambió mucho y, tal vez, el garrote de Sanfilippo va a la delantera de las iniciativas llamativas, aunque difícilmente logre entrar en el área.

Por supuesto hay algunas excepciones, pero muy pocas y muy alejadas del debate político. Por suerte, subsisten ámbitos de debate más especializado, pero hace tiempo no logran permear en las campañas políticas. Luego, la ausencia de debates profundos termina siendo génesis de definiciones tomadas en medio de situaciones de emergencia, sin poder resolver adecuadamente problemas estructurales de nuestra sociedad. Como en su tema Congratulations, la canción que nos cuenta nuestro premio Nobel Bob Dylan[1] en el primer disco de The Travelling Wilburys, el prometido pájaro azul no tiene a quien cantarle.

This morning I looked out my window and found
A bluebird singing, but there was no one around”

 

[1] Me resisto a pensar que un premio es “nuestro” cuando coincidimos con el premiado en su nacionalidad. Una muestra de chauvinismo que debiera estar vedada a la mención de estos premios que intentan ser globales.

*Es profesor titular regular de Finanzas Públicas en la FCE, UBA; Docente de la Maestría en Economía de la misma facultad. Es Investigador del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-Baires) y miembro del CIDED, UNTREF.

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2 comentarios sobre “El consenso de los disensos (una provocación inoportuna)

  1. Está muy buena tu nota Oscar. Sólo una cuestión etimológica: José Nun dice que “consenso” es “sentir lo mismo”. Esto es muy difícil, aunque sería deseable. El sugiere “concertar” o llegar a “acuerdos” de políticas. Un saludo muy cordial. Ricardo

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  2. No comparto plenamente con OC la cuestión, en el sentido sobre que lo central es saber que producto el cliente compra en el mercado electoral. Creo que la gente común vota sensaciones y percepciones. “Analiza” como esta el ambiente, si la situación presente es buena, y al consumidor político le va bien, da por concluido el análisis, y ratifica el mandato, ejemplo reelección de Mendez, y CFK en 2007 y 2011, incluso RA 85. Cuando la situación es mala calcula cualitativamente el valor actual del pasado y el futuro de cada candidato o partido, traduciendo los sloganes, recuerdos, y vagas propuestas, en votos. La mayoría de la gente hoy es independiente, o sea es gente común que quiere vivir en un país normal.Hoy el VAN de Cambiemos le gana a los demás. Las políticas de Estado a acordar son mínimas: 1.delito gravísimo los cometidos en ocasión o durante el ejercicio del mandato, con procesos exprés. 2. Acordar una administración de justicia eficaz y eficiente. Lo demás esta afuera. es inviable.

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