La pesada herencia cambiaria (sin beneficio de inventario)

Por Jorge Lucángeli*

Y así, como en pleno mate,
en el que el agua se acaba,
se cortó lo que se daba.
¡Muy  poco  el  piolín  se  estira!
Nadie  por  ella  suspira,
su  escracho  destila  pena,
y  hoy  llora  a  lo  Magdalena
al  escuchar  Yira  Yira.[1]

En una reciente nota de Martín Rapetti en este blog, cuyo título parafrasea un simpático eslogan de publicidad de una gaseosa, el autor manifesta su preocupación por una cierta visión optimista entre un grupo de economistas que supone que el peso seguirá apreciándose durante 2015 y que sucederá otro tanto durante 2016 como consecuencia de una entrada de capitales significativa. Rapetti se pregunta si la economía argentina podrá tolerar semejante atraso cambiario o si se podrá corregir mediante medidas fiscales o reformas estructurales.

Esta nota tiene un objetivo acotado: se presenta una medición del tipo de cambio multilateral real para tratar de ubicar el nivel actual respecto de su evolución durante los últimos 20 años. La estimación sigue la metodología utilizada en una nota anterior en este blog. Para analizar la evolución del tipo de cambio se elaboraron dos series: una en la cual el tipo de cambio multilateral se ajustó por el índice de salarios nominales; y otra serie ajustada por los salarios y por el precio en el mercado internacional del poroto de soja. En la medida que el salario nominal crece más aceleradamente que el tipo de cambio, la capacidad competitiva de los transables se deteriora; pero si el precio de los productos agrícolas aumenta, la restricción externa se amortigua. La mayor demanda de importaciones provocada por el atraso cambiario, en términos de salarios, es sostenible si las exportaciones agropecuarias crecen. De ahí la importancia del precio de la soja.

El tipo de cambio multilateral es el que registra el BCRA, aunque en este caso no se ajustó por el índice de precios al consumidor sino por el índice de salarios nominales que registra el INDEC. El índice de precio de la soja está tomado de Commodity Price Data del Banco Mundial.

Como puede observarse en el gráfico de más abajo, el tipo de cambio en relación a los salarios transita un sendero decreciente desde julio de 2002, con algunas recuperaciones temporarias, siendo la última de estas experiencias la verificada durante el primer trimestre de 2014 a partir de la devaluación de enero de ese año. El promedio del primer bimestre de 2015 del indicador está un 58% por debajo del promedio 2003/2004. Si la comparación se realizara respecto del período enero 1995-diciembre 2001, el promedio del primer bimestre 2015 es equivalente al vigente durante la convertibilidad.

En la revaluación del tipo de cambio multilateral desde mediados de 2014 no sólo tuvo que ver el atraso del tipo de cambio nominal sino, también, la devaluación del real brasileño y el euro. El real se devaluó cerca del 30% y el euro alrededor del 20%.

Si al tipo de cambio multilateral se lo ajusta por salarios y precio de la soja, la historia cambia. Este indicador sigue bastante de cerca al tipo de cambio respecto de los salarios luego de la devaluación de 2002, pero a partir de septiembre de 2006 el tipo de cambio ajustado por la soja se despega. Sucede que el precio del “yuyo” en el mercado internacional aumentó casi un 150% entre septiembre de 2006 y julio de 2008, si bien durante la segunda mitad de 2008 la cotización de la soja perdió gran parte de lo ganado; a partir de 2009 nuevamente se recupera con altibajos hasta principios de 2014. A partir de ese momento sigue un sendero decreciente. Como puede observarse en el gráfico, el tipo de cambio multilateral en relación al salario y precio de la soja está en febrero de 2015 en un nivel similar al de marzo de 2002, momento previo al inicio de la disparada de la cotización del precio internacional de la soja.

Argentina. Tipo de cambio multilateral en relación al salario y precio de la soja e índice de precio internacional de la soja.

Enero 1995-Febrero 2015. Índice, base 1997/1998 = 100

(Escala logarítmica)

alquimias2

Fuente: BCRA, INDEC y Banco Mundial

Lo que merece destacarse es que la revaluación del tipo de cambio en relación a los salarios a partir de septiembre de 2006 fue posible por el significativo aumento del precio internacional de la soja. La producción agropecuaria alivió la restricción externa y permitió la expansión de los salarios y el nivel de actividad. Pero, como contrapartida, provocó una endemia de “enfermedad holandesa”. Algunos hechos permitirían corroborar esta conjetura. Uno de ellos se refiere a la crisis de las economías regionales. El atraso cambiario ha tenido un impacto fuertemente negativo en la actividad vitivinícola, frutihortícola, arrocera y lechera, entre otras.[2]

En lo que respecta a la actividad industrial, el feómeno se manifiesta tanto en lo que hace a las exportaciones como a las importaciones. La desaceleración de la exportación de las denominadas “manufacturas de origen industrial” (MOI) es bastante elocuente: la tasa de crecimiento anual del período 2007-2013 (9,1%) es casi la mitad del período 2002-2007 (4,9%).[3] Por el lado de las importaciones, a pesar de los múltiples conflictos ocasionados, las licencias de importación –primero automáticas, luego no automáticas- y más recientemente la Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) han sido los instrumentos preferidos para imponer barreras no arancelarias a las importaciones y proteger a determinados sectores industriales de la competencia externa.

Una vez más emerge la estructura dual de la economía argentina. De manera muy estilizada, coexisten un sector agropecuario (en un sentido amplio) y un sector industrial. El primero es el productor de bienes exportables –también abastece al mercado interno- y el segundo está orientado fundamentalmente al mercado interno y es un importador neto. El saldo neto de divisas de la industria manufacturera es fuertemente deficitario y está financiado por el sector primario. Estos dos sectores requieren tipos de cambio diferentes, relativamente más alto para el sector industrial.

¿Cuán sostenible es el actual esquema cambiario? Como ya fuera señalado, el tipo de cambio respecto a los salarios muestra un atraso significativo, está en los niveles de los últimos años de la convertibilidad. Examinado el tipo de cambio ajustado por salarios y precio de la soja, como ya fuera señalado, en febrero 2015 está a un nivel similar a marzo 2002, recién salido de la convertibilidad. Pero cabe destacar un punto relevante: el precio internacional de la soja en marzo 2002 era la mitad del registrado en febrero 2015. Dicho de otra manera: el tipo de cambio multilateral ajustado por salarios y precio de la soja está en febrero 2015 al mismo valor que en marzo 2002, pero con la soja valiendo el doble.

En este caso no recurriremos a los laberintos borgeanos como epílogo de esta nota. Antes bien, utilizaremos una frase más trivial y que se ha hecho popular: “Hola Houston, estamos en problemas”.

* Director de la Maestría en Relaciones Económicas Internacionales. FCE. UBA

[1]A  lo  Magdalena. Letra: Luis  Alposta  (año 1954). Música: Daniel  Melingo. Fragmento.

[2] Plagiando una vez más a Roberto Bisang, “el síndrome de la ruta 40” hace referencia a la crisis que atraviesan las actividades localizadas en el oeste del país.

[3] R. Carciofi y A. Ramos: “Estancamiento exportador, una mirada más allá de Pergamino”, Econométrica, noviembre 2014.

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